sábado, 2 de julio de 2011

Lo único cierto.

Cementerio de Lugo. Camino Primitivo - 2007


Llevo bebido un tercio de mi segunda cerveza de trigo. Bien. Lo que quiera que sea se está liberando y el subidón comienza. Además escucho en M-80 ese temazo de Pretenders que empuja a vivir sin tener en cuenta el riesgo. Esta soy yo, a pelo. Bueno, con unos 400 cl de cerveza . Hoy no hay tecla de retroceso, apenas.
Hoy hemos enterrado a la tía Pura, la mayor de los cinco hermanos de mi madre. Como la difunta ha pasado dos noches en el tanatorio era de las primeras en el cementerio.
Mi prima hermana Toñi organiza el asunto de los coches. -Tú te puedes acercar con Sara.- Me dice. Se trata de la mejor amiga de su hija Rebeca y del novio de ésta. Ambas se conocieron en el colegio de monjas cuando tenían 4 años , ahora son dos ingenieras industriales de 30, que ya van teniendo consciencia del dolor que vivir produce). Sara lleva un vestido negro y tiene la tez morena de haber tomado el sol recientemente. Sencilla, cercana. Al abrir las puertas de su coche:
.- Bueno. Esto… (manipula un artilugio textil y acolchado, fijado con unas tiras de belcro en el asiento del copiloto), ¿te molesta mucho?... mira a ver… Si te molesta, lo quito.
.- No, no. En absoluto. No me importa.- (Odio incordiar).
.- Es que… es para embarazadas que... vamos a tener un hijo.-
.- ¿Estás embarazada?.- pregunto. Voy vinculando ideas automáticamente.
.- No, yo no. Mi pareja. Está de 22 semanas, casi 5 meses.
(Asimilo. Reacciono. La miro a los ojos. Le sonrío a corazón abierto)

.- Jo!! Qué way!! ¡qué chicas valientes!! .- Ella también sonríe.
En los dos minutos que dura el trayecto desde el tanatorio hasta la calle más cercana al nicho vacío que espera a la tía Pura, nos damos un garbeo por los misterios indescifrables de la vida como si nos conociéramos desde siempre. Me quedo con el poso de que elegir implica renunciar. Aparcamos y nos aproximamos al coche fúnebre todos. El cura ha elegido a San Juan: “… yo soy el camino, la verdad y la vida… ”. Touché. Mis raíces creyentes se remueven por algún lugar ahí, hondo... Son las 9 de la mañana y el sol ya quema. Los cipreses cercanos se yerguen hasta pinchar el cielo. Algunos pájaros que no sé identificar, graznan. No hay nada como la muerte para sobrecogerse ante la inexorabilidad del paso del tiempo. El entierro consiste en unos operarios que manipulan una especie de grúa, una pistola de silicona y cinta americana. Uno de ellos nos informa que todo ha terminado en un tono solemne fingido.

.- Nos vemos en unos días, prima. Ya va siendo hora de que descanses.- ¿15, 20 años? cuidando de su madre, de la tía soltera y de su propia familia.
Sara me devuelve en su coche al tanatorio Sur, cercano al cementerio.
.- Déjame que te acerque a Fuenlabrada. Si no tengo nada inmediato que hacer.-
.- No te molestes, de verdad. Si estoy acostumbrada al transporte público.- Volvemos a sonreírnos desde el alma. – Un gusto conocerte. . .-
De vuelta a Fuenlabrada, en la renfe, al pasar por Leganés, me tiro del tren en el último instante. Aunque mi hermana ha quedado en ir esta tarde, yo sé que ellos prefieren ducharse por la mañana.
Voy a casa de los viejos. De paso subo patatas, que nunca están demás. Me los encuentro sentados, sollozando. En parte les da pena la tía Pura, en parte por temor a la propia muerte, supongo. Echo el rato por allí…
Cuando llego por fin a casa, llamo a Emilia, tal y como había quedado en hacer hoy sábado por la mañana. Es una antigua compañera de trabajo. Su marido murió hace dos o tres años de SIDA; aguantó como una campeona hasta el final. Me cuenta que poco después conoció a su actual pareja. No entiendo muy bien qué quiere decir cuando añade que envidia mi libertad. Hemos quedado para tomar algo la semana que viene.

Ufff! Si no me he ganado hoy emborracharme a discreción, que venga Dios y lo vea.
Famayor.